Es lo único que tengo. Lo único que es mío. Verdadera y rabiosamente mío. La palabra. Mi palabra.
Esta palabra es capaz de construir una utopía o de hundirnos en una distopía. Tengo una palabra que sana, que ilustra, que construye. Una palabra que lo mismo edifica un puente de hormigón -y lo estás viendo- que un puente de confianza entre nosotros dos. Una palabra que hace daño, que hiere, que mata, que esconde o que miente. Pero también es la palabra que ríe, que abraza, que ama… La que se viste de verdad y la que muestra la verdad…
Solo tengo esto: la palabra. Y te la doy.
¿La quieres?